El estrés y violencia en el trabajo

El puesto de trabajo de trabajo junto con el hogar, es el lugar donde mas tiempo pasamos y mas socializamos con otros compañeros y clientes o proveedores de servicios. Esto hace potencia que aparezcan conductas destructivas o violentas tanto entre los miembros de la empresa o internos (acoso) a la estructura como ajena a ella.

La violencia por parte de terceros o externa es aquella que puede darse con respecto a personas que no prestan servicios en el centro de trabajo y son meros clientes o usuarios del mismo o incluso personas cuya presencia o actividad no es legitima (Agencia Europea para la Seguridad y Salud en el Trabajo). El perfil psicológico de los trabajadores que la sufren no es homogéneo, cualquiera puede convertirse en victima por el desempeño de tareas tales como:

  • Trabajos que conlleven el manejo de dinero (personal bancario).
  • Custodia de propiedades u objetos valiosos.
  • Atención a la salud, cuidado y educación(enfermeras, profesores).
  • Trabajadores públicos o con función social.
  • Trabajos relacionadas con hacer cumplir la ley (policías).
  • Trabajo con personas potencialmente violentas o con problemas de alcohol o enfermedades mentales graves (vigilantes).
  • Trabajar solo (taxistas, trabajadores domésticos).
  • Trabajo ambulante.
  • Trabajo en turno de noche o de madrugada.

El desarrollo de puestos de riesgo se potencia con una serie de variables estructurales de la empresa como no crear protocolos de actuación en caso de que ocurra una confrontación, no dedicando recursos a evitar o limitar las posibles agresiones con cámaras, mamparas, etc. o no formando adecuadamente a la persona responsable del puesto.

Las consecuencias de este tipo de violencia laboral son de diversa índole, tanto directa (trastornos de sueño, miedo a la violencia, distracción cognitiva, rabia), como indirectas (depresión, somatizaciones, fobias) que suelen acarrear absentismo laboral, bajada del rendimiento e incremento de accidentes que afecta tanto a la victima como a entorno del compañero agredido. Por lo que es recomendable que se le ofrezca al trabajador un apoyo psicológico que le enseñe técnicas de afrontamiento de la situación y reduzca las posibilidades de padecer a largo plazo un trastorno por estrés postraumático.

El impacto de este tipo de actos es tan destructivo que diversas entidades europeas (ETUC/CES, BUSINESSEUROPE,UEAPME and CEEP) firmaron de forma oficial en 2007 un acuerdo cuyo objetivo era condenar firmemente y luchar contrael acoso y la violencia en el trabajo en todas sus formas (European Social Dialogue, 2007), creando una guía de buenas practicas:

  • Todos los lugares de trabajo con alto riesgo de violencia de terceros deberían tener códigos de conducta, guías y planes de crisis para la prevención y el manejo de la violencia.
  • Todos los trabajadores deberían recibir formación que les ayude a manejar y hacer frente a incidentes violentos. Se tiene que abordar también el miedo a la violencia.
  • El análisis y registro sistemático de los incidentes violentos son una importante base para la prevención de los mismos. Los sistemas de registro deberían incluir también la violencia psicológica.
  • La evaluación de riesgos debería incluir, por ejemplo, el diseño del ambiente de trabajo, los dispositivos de seguridad, los planes de dotación de personal, las practicas de trabajo, las guías, y la formación.
  • Se necesitan diferentes métodos de intervención en cada sector/ocupación (ej. Fuerzas policiales, cuidado de personas con demencia).
  • Los clientes necesitan ser enseñados a no comportarse de forma amenazante o violenta.

Aspectos psicológicos de la obesidad

El consumo de una alimentación rica en nutrientes que excede lo que requiere el organismo y que hace incrementar el peso tiene que estar vinculado de alguna manera con la psique, mas aun cuando siendo consciente de que el incremento desmesurado de la masa corporal conlleva riesgos ineludibles para la salud.

En la obesidad hay constancia de que influyen diversos factores biológicos: herencia genética, metabolismo, sistema hormonal, etc. Y otros relacionados con el entorno: sedentarismo, consumismo, dietas ricas en calorías, etc. Sin embargo nos olvidamos en muchos casos de los factores personales: carácter, fuerza de voluntad, autoestima, personalidad, etc. Rasgos que pueden potenciar o protegernos de sufrir estados que favorecen que surja la obesidad, como pueden ser los atracones alimentarios.

Perfiles de riesgo

No existe una personalidad que podamos denominar propicia a la obesidad, sino que es mas bien un desorden que aparece cuando una persona tiene dificultades emocionales que le impiden identificar o diferenciar sus propias sensaciones, lo que lleva a suplir distintos vacíos con la saciedad alimentaria (H. Bruch, 1973). Diversas características personales hacen que muchos autores se plantee relacionar a las personas obesas con personalidades adictivas (M. Ravenna, 2004)

Objeto Toxico: El consumo excesivo y de manera incontrolada convierten a la comida en una sustancia perjudicial, que crea dependencia, enfermedad y abstinencia.

La Personalidad: con dificultad para marcar los limites, ya sea de su ingesta o de su comportamiento que toma formas demandantes e invasoras (a la vez que sumisas). 

La Familia: algunos modelos familiares fomentan comportamientos compulsivo, sobre todo aquellas en las que las relaciones entre sus miembros esta alterada.

Factores Socioculturales: La presión del grupo afecta profundamente en el comportamiento social y en el desempeño de las tares.

El hambre es un fenómeno constitucional del ser humano, una demanda que causa ansiedad y que es calmada con la ingesta de comida, una mala adaptación lleva a que se sobregeneralice la respuesta de comer ante situaciones angustiosas ya sean externas o internas. Esto lleva aparejado un incremento del peso, que amplifica la sensación de angustia que es combatida con mas ingestas alimentarias. Lo que genera una espiral destructiva. Mas aun cuando las sociedades occidentales marginan el sobrepeso idealizando la delgadez (extrema).

Estos prejuicios están muy arraigados y son causa de generación de estereotipos sobre las personas con sobrepeso, algunas positivas como el “gordito feliz”, y otras menos acertadas y que lo asocian con ser perezosos, estúpidos, sucios, etc. Incluso estos clichés se dan en los profesionales de la salud que tratan a sus pacientes obesos como faltos de voluntad, torpes y lentos, dándoles un trato irrespetuoso.

Esta situación de exclusión es una fuente potencial de problemas mentales que pueden afectar a las personas con sobrepeso que se encuentran en la paradoja de que la gran presión social angustiosa para que pierdan peso les dificulta plantearse de manera sincera el cambio en su estilo de vida. No olvidemos que la comida no es adictiva, la adicción viene de la clase de relación que tiene el individuo con ella.

El papel del padre en la formación de los hijos

Mucho ha llovido desde que el profeta dictara que “El padre come uva verde, y los hijos sufren la dentera” (Jeremías 18:2), en la actualidad el ocupar el lugar de padre ya no va unido al autoritarismo tradicional, cuya palabra era incuestionable y con dominio patriarcal en todos los asuntos relacionados con la familia. Fueron los cambios estructurales (sociales, económicos, políticos, etc.) del siglo XX los que modificaron la función de la familia y con ello el papel del padre, que en la mayoría de las investigaciones psicológicas era considerado como una variable secundaria en los estudios sobre la crianza de los niños (solían preguntar a los niños sobre los padres pero nunca se entrevistaba a los padres). Tan solo unos pocos trataron sobre las relaciones padre e hijo, pero sirvieron como germen de un movimiento que se inicio en la década de los setenta del siglo pasado. Hoy en día se sabe de la importante labor que desempeñan los padres en el desarrollo cognitivo, social y emocional de sus hijos a edades tempranas (incluso a nivel prenatal) y hasta la adolescencia.

Así los niños que tienen una relación positiva con sus padres tienen de media un mayor nivel de autoestima y son menos propensos a trastornos como la depresión (Dubowitz, 2001). La forma de conseguir esta cercanía emocional se consigue en los primero años a través del juego y el cuidado, así los padres que dedican un mayor de tiempo en interactuar que comparten experiencias y se implican con sus hijos fomentan que los niños aprendan a regular sus sentimientos y comportamientos (Palkovitz, 2002). Y se mantiene hasta adolescencia, donde un estilo activo y democrático en las relaciones padre e hijo mejora las habilidades verbales, el funcionamiento intelectual y el rendimiento académico, y en general el tratamiento afectuoso transmite un sentimiento afectivo y emocional basado en el apego seguro  (Rosenberg & Wilcox, 2006)

El padre tiene un papel especifico en la crianza, muestra un modelo masculino positivo tanto para los niños como para los niñas, lo cual ayudará a que se crean perfiles específicos del rol de genero. El juego activo y competitivo entre padres e hijos puede ayudar a los niños a manejar los impulsos agresivos y aprenden a controlar sus emociones durante la actividad física (Goldman, Salus, Wolcott, Kennedy, 2003). Desgraciadamente la aceptación del padre como cuidador de primer nivel de sus hijos aun no es generalizada. Muchos hombres abrumados por la responsabilidad que representa acuden al cliché de que la educación es cosa de la madre, lo que provoca un sentimiento de padre ausente. También aparecen miedos ancestrales que muestran al hijo como un competidor por el cariño de la madre, creando una situación de celos que impide que aparezca ese amor paternal basado en valores transitorios (y no incondicional como el materno). Por otro lado en algunas ocasiones el vinculo entre la madre y el hijo ejerce de manera inconsciente una situación que diádica que impide la implicación paterna en el cuidado del niño.

Quizás lo mas saludable, aunque poco improbable, sería que los futuros padres pusieran en común las expectativas, los miedos y las ilusiones de manera coherente y realista, plantearan que tipo de formación desean para sus hijos y la parte de cada uno de ellos que están dispuestos a invertir en dicha formación. Los cimientos de la pareja son los que sujetan el bienestar del niño (y no a la inversa), por lo que se ha tener una buena comunicación, respeto (no cruzar las lineas rojas) y   afecto (a poder ser positivo). También una estabilidad psicológica y emocional ayudará a solventar los retos que la crianza de los hijos conlleva sin perder los papeles, ni caer en la desesperación.