El papel del padre en la formación de los hijos

Mucho ha llovido desde que el profeta dictara que “El padre come uva verde, y los hijos sufren la dentera” (Jeremías 18:2), en la actualidad el ocupar el lugar de padre ya no va unido al autoritarismo tradicional, cuya palabra era incuestionable y con dominio patriarcal en todos los asuntos relacionados con la familia. Fueron los cambios estructurales (sociales, económicos, políticos, etc.) del siglo XX los que modificaron la función de la familia y con ello el papel del padre, que en la mayoría de las investigaciones psicológicas era considerado como una variable secundaria en los estudios sobre la crianza de los niños (solían preguntar a los niños sobre los padres pero nunca se entrevistaba a los padres). Tan solo unos pocos trataron sobre las relaciones padre e hijo, pero sirvieron como germen de un movimiento que se inicio en la década de los setenta del siglo pasado. Hoy en día se sabe de la importante labor que desempeñan los padres en el desarrollo cognitivo, social y emocional de sus hijos a edades tempranas (incluso a nivel prenatal) y hasta la adolescencia.

Así los niños que tienen una relación positiva con sus padres tienen de media un mayor nivel de autoestima y son menos propensos a trastornos como la depresión (Dubowitz, 2001). La forma de conseguir esta cercanía emocional se consigue en los primero años a través del juego y el cuidado, así los padres que dedican un mayor de tiempo en interactuar que comparten experiencias y se implican con sus hijos fomentan que los niños aprendan a regular sus sentimientos y comportamientos (Palkovitz, 2002). Y se mantiene hasta adolescencia, donde un estilo activo y democrático en las relaciones padre e hijo mejora las habilidades verbales, el funcionamiento intelectual y el rendimiento académico, y en general el tratamiento afectuoso transmite un sentimiento afectivo y emocional basado en el apego seguro  (Rosenberg & Wilcox, 2006)

El padre tiene un papel especifico en la crianza, muestra un modelo masculino positivo tanto para los niños como para los niñas, lo cual ayudará a que se crean perfiles específicos del rol de genero. El juego activo y competitivo entre padres e hijos puede ayudar a los niños a manejar los impulsos agresivos y aprenden a controlar sus emociones durante la actividad física (Goldman, Salus, Wolcott, Kennedy, 2003). Desgraciadamente la aceptación del padre como cuidador de primer nivel de sus hijos aun no es generalizada. Muchos hombres abrumados por la responsabilidad que representa acuden al cliché de que la educación es cosa de la madre, lo que provoca un sentimiento de padre ausente. También aparecen miedos ancestrales que muestran al hijo como un competidor por el cariño de la madre, creando una situación de celos que impide que aparezca ese amor paternal basado en valores transitorios (y no incondicional como el materno). Por otro lado en algunas ocasiones el vinculo entre la madre y el hijo ejerce de manera inconsciente una situación que diádica que impide la implicación paterna en el cuidado del niño.

Quizás lo mas saludable, aunque poco improbable, sería que los futuros padres pusieran en común las expectativas, los miedos y las ilusiones de manera coherente y realista, plantearan que tipo de formación desean para sus hijos y la parte de cada uno de ellos que están dispuestos a invertir en dicha formación. Los cimientos de la pareja son los que sujetan el bienestar del niño (y no a la inversa), por lo que se ha tener una buena comunicación, respeto (no cruzar las lineas rojas) y   afecto (a poder ser positivo). También una estabilidad psicológica y emocional ayudará a solventar los retos que la crianza de los hijos conlleva sin perder los papeles, ni caer en la desesperación.

De Madres Tigre, hijos leones

La madre tigre es un termino acuñado por Amy Chua, una madre chino americana que en su libro el grito de guerra de la madre tigre (Battle Hymn of the Tiger Mother, 2011), explica las pautas de crianza para que nuestros hijos triunfen en la vida apoyándose en tres puntos básico: estudiar hasta la excelencia, tocar un instrumento hasta el virtuosismo y aprender idiomas hasta convertirse en bilingüe o trilingüe. Lo demás, los amigos, el ocio, la diversión, es secundario.

Amy, que se define como la salvadora de la educación de occidente ante la extrema permisividad de los padres, no creó un perfil educativo nuevo, sino que dio nombre a unas pautas de crianza ancestrales en todas las sociedades meritocráticas. En la mayoría de las escuelas podemos encontrar uno o varios casos de madre (o padre) tigre que presionan a sus hijos hasta la extenuación para que tenga todo sobresalientes y consigan logros extraescolares.

Las severas normal que impone a sus hijas (Sophie y Lulu) a nivel formativo, van acompañadas de frases motivadoras con un alto contenido de critica y dureza que se incrementaba cuando veía asomar alguna lagrima en sus ojos. El resultado, una preparación excelente, un curriculum brillante. Horas robadas a la televisión, los videojuego, Internet, y de jugar con los con los amigos.

Ahora la pregunta, que es mejor para nuestros hijos una crianza libre que potencie sus capacidades, o una controlada férreamente basada en la búsqueda del éxito. Una valoración psicológica sobre la situación de los niños occidentales ene este contexto, pero lo cierto es que los trastornos mentales en menores han incrementado sus tasas. Los casos de depresión y la ansiedad se han duplicado especialmente en familias acomodadas en las que parece que la presión por el logro es mas relajada y la competitividad se considera perjudicial y premonitoria de una vida llena infelicidad. También es verdad que cada vez mas niños y adolescentes realizan conductas violentas, autolesivas y acosadoras en el aula, abrumados por la presión que se ejerce sobre ellos en el hogar y la escuela.

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