Relaciones Tsundere: la Confusión esta en el aire

La forma de comportarnos depende tanto de nuestra personalidad como de otros aspectos como son los factores personales, conductuales y ambientales. Es por eso que aunque tengamos una mente perfectamente equilibrada podemos encontrarnos en situaciones en las que metemos la pata o no sabemos como comportarnos.

Las encuentros sociales con el sexo opuesto, especialmente si no interesa esa persona, son también territorios comprometidos, aparecen los miedos a no saber comportarnos, la vergüenza por dar nota, las experiencias pasadas no muy acertadas, y la probabilidad de fracaso.

Es por ello que adoptamos las actitudes comunicativas mas variopintas para afrontar los retos sociales de cortejo. Uno de los mas exóticos es el tsundere, termino proveniente de Japón, mezcla de dos palabras tsun tsun, que significa apartarse con disgusto, y dere dere o volverse cariñoso. Las personas, principalmente mujeres, con estilo de seducción tsundere son agresivas (hasta violentas) con su objeto amoroso, para después volverse cariñosas y dulces. Esto crea en el otro, normalmente un hombre de carácter apacible, bondadoso y a veces con rasgos de debilidad física o emocional, sentimientos de desasosiego, incomprensión y ambivalencia (amor/odio).

La personas tsundere asocian la fortaleza con formas de comunicación fuertes y directas, muestran su repertorio con comentarios ácidos (incluso hirientes), bromas pesadas o contactos físicos que rompen la zona de confort del interlocutor. Pero no hay que engañarse pues en el fondo no es mas que un mecanismo de sobrecompensación ya que son personas de gran debilidad y demandantes de cariño, que se esconden tras un muro de criticas y gestos hostiles. Además suele ser inconsciente, puesto que no es reconocido como propio el interés por dañar, ofender o humillar a la otra persona, la cual no olvidemos desean fervientemente.

El beneficio que obtienen es triple, por un lado se posicionan como conductores de la relación ya que su forma de actuar hace imposible las decisiones compartidas si no es mediante la confrontación. Los cambios de humor hacen que la pareja siempre este alerta para no cruzar la línea que pueda sacar la parte mas negativa, lo cual para los tsundere es percibido como autoafirmación del amor que les tienen y de lo bien que funciona la relación. Por su parte la persona Tsundere se asegura el amor de la pareja, algo así como que si esa persona ha soportado mi lado mas “chungo” es porque de verás existe un sentimiento hacia ella y me ama.

La forma de actuar ante este tipo de pretendientes dependerá del interés y la visión a distancia que tengamos (como sería si no fuera tan…). En caso de no tener sintonía con esa persona, lo mas fácil es hacérselo saber de manera mas o menos directa, esto variara radicalmente la forma de relacionarse que tiene con nosotros.

En caso de ver en sus ojos a la pareja perfecta, la actitud mas coherente sería atravesar lo antes posible esa coraza de frialdad y desprecio e internarnos en su mundo emocional, sin duda, se opondrá frontalmente, con ironías, enfados y desplantes, pero no hay que desanimarse, al final acabará por abrirse y contar de donde le viene tanto dolor y enfado hacia el sexo opuesto.

En caso de sentirnos descritos en este tipo de comportamientos, sería interesante mas allá de lo comentado el que analicemos los comportamiento que hacemos o nos dicen que hacemos (y que hieren a los cercanos) e intentemos ponerles freno, si nos es imposible controlarlo de manera global, podemos descomponerlo en conductas mas pequeñas y manejables (no tocar, no insultar, etc.) y buscar la respuesta no verbal de los otros (no me mira directamente, esta inquieto, etc.) para comprender como esta yendo los cambios de repertorio en nuestras conductas.

Este perfil que no es de por si un perfil patológico, es complementario a otro llamado yandere (los japoneses tienen palabras para todo), que une las palabras yanderu, que significa estar enferma, y dere dere (cariñoso). Es decir son personas que transmiten un cariño (a veces excesivo) y un mensaje equivoco de enamoramiento generalizado hacia las personas de otro sexo, y que además tras esa fachada, esconden un perfil de comportamientos y creencias violentos y sádicos.

Por ultimo y como aclaración o aviso para navegantes, no confundir estos perfiles que combinan dos formas de relacionarse opuestas y simultáneas, que descoloran a las personas que los rodean, con modelos relacionales hostiles, donde las agresiones (verbales, psicológicas,incluso físicas) se dan desde el primer día hasta el ultimo de la relación.

El papel del padre en la formación de los hijos

Mucho ha llovido desde que el profeta dictara que “El padre come uva verde, y los hijos sufren la dentera” (Jeremías 18:2), en la actualidad el ocupar el lugar de padre ya no va unido al autoritarismo tradicional, cuya palabra era incuestionable y con dominio patriarcal en todos los asuntos relacionados con la familia. Fueron los cambios estructurales (sociales, económicos, políticos, etc.) del siglo XX los que modificaron la función de la familia y con ello el papel del padre, que en la mayoría de las investigaciones psicológicas era considerado como una variable secundaria en los estudios sobre la crianza de los niños (solían preguntar a los niños sobre los padres pero nunca se entrevistaba a los padres). Tan solo unos pocos trataron sobre las relaciones padre e hijo, pero sirvieron como germen de un movimiento que se inicio en la década de los setenta del siglo pasado. Hoy en día se sabe de la importante labor que desempeñan los padres en el desarrollo cognitivo, social y emocional de sus hijos a edades tempranas (incluso a nivel prenatal) y hasta la adolescencia.

Así los niños que tienen una relación positiva con sus padres tienen de media un mayor nivel de autoestima y son menos propensos a trastornos como la depresión (Dubowitz, 2001). La forma de conseguir esta cercanía emocional se consigue en los primero años a través del juego y el cuidado, así los padres que dedican un mayor de tiempo en interactuar que comparten experiencias y se implican con sus hijos fomentan que los niños aprendan a regular sus sentimientos y comportamientos (Palkovitz, 2002). Y se mantiene hasta adolescencia, donde un estilo activo y democrático en las relaciones padre e hijo mejora las habilidades verbales, el funcionamiento intelectual y el rendimiento académico, y en general el tratamiento afectuoso transmite un sentimiento afectivo y emocional basado en el apego seguro  (Rosenberg & Wilcox, 2006)

El padre tiene un papel especifico en la crianza, muestra un modelo masculino positivo tanto para los niños como para los niñas, lo cual ayudará a que se crean perfiles específicos del rol de genero. El juego activo y competitivo entre padres e hijos puede ayudar a los niños a manejar los impulsos agresivos y aprenden a controlar sus emociones durante la actividad física (Goldman, Salus, Wolcott, Kennedy, 2003). Desgraciadamente la aceptación del padre como cuidador de primer nivel de sus hijos aun no es generalizada. Muchos hombres abrumados por la responsabilidad que representa acuden al cliché de que la educación es cosa de la madre, lo que provoca un sentimiento de padre ausente. También aparecen miedos ancestrales que muestran al hijo como un competidor por el cariño de la madre, creando una situación de celos que impide que aparezca ese amor paternal basado en valores transitorios (y no incondicional como el materno). Por otro lado en algunas ocasiones el vinculo entre la madre y el hijo ejerce de manera inconsciente una situación que diádica que impide la implicación paterna en el cuidado del niño.

Quizás lo mas saludable, aunque poco improbable, sería que los futuros padres pusieran en común las expectativas, los miedos y las ilusiones de manera coherente y realista, plantearan que tipo de formación desean para sus hijos y la parte de cada uno de ellos que están dispuestos a invertir en dicha formación. Los cimientos de la pareja son los que sujetan el bienestar del niño (y no a la inversa), por lo que se ha tener una buena comunicación, respeto (no cruzar las lineas rojas) y   afecto (a poder ser positivo). También una estabilidad psicológica y emocional ayudará a solventar los retos que la crianza de los hijos conlleva sin perder los papeles, ni caer en la desesperación.

De Madres Tigre, hijos leones

La madre tigre es un termino acuñado por Amy Chua, una madre chino americana que en su libro el grito de guerra de la madre tigre (Battle Hymn of the Tiger Mother, 2011), explica las pautas de crianza para que nuestros hijos triunfen en la vida apoyándose en tres puntos básico: estudiar hasta la excelencia, tocar un instrumento hasta el virtuosismo y aprender idiomas hasta convertirse en bilingüe o trilingüe. Lo demás, los amigos, el ocio, la diversión, es secundario.

Amy, que se define como la salvadora de la educación de occidente ante la extrema permisividad de los padres, no creó un perfil educativo nuevo, sino que dio nombre a unas pautas de crianza ancestrales en todas las sociedades meritocráticas. En la mayoría de las escuelas podemos encontrar uno o varios casos de madre (o padre) tigre que presionan a sus hijos hasta la extenuación para que tenga todo sobresalientes y consigan logros extraescolares.

Las severas normal que impone a sus hijas (Sophie y Lulu) a nivel formativo, van acompañadas de frases motivadoras con un alto contenido de critica y dureza que se incrementaba cuando veía asomar alguna lagrima en sus ojos. El resultado, una preparación excelente, un curriculum brillante. Horas robadas a la televisión, los videojuego, Internet, y de jugar con los con los amigos.

Ahora la pregunta, que es mejor para nuestros hijos una crianza libre que potencie sus capacidades, o una controlada férreamente basada en la búsqueda del éxito. Una valoración psicológica sobre la situación de los niños occidentales ene este contexto, pero lo cierto es que los trastornos mentales en menores han incrementado sus tasas. Los casos de depresión y la ansiedad se han duplicado especialmente en familias acomodadas en las que parece que la presión por el logro es mas relajada y la competitividad se considera perjudicial y premonitoria de una vida llena infelicidad. También es verdad que cada vez mas niños y adolescentes realizan conductas violentas, autolesivas y acosadoras en el aula, abrumados por la presión que se ejerce sobre ellos en el hogar y la escuela.

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Amor contaminado

Cuando uno busca las causas de su crisis de pareja, suele centrarse en los problemas relacionales, en como es imposible encontrar acuerdos, comunicarse de una manera efectiva (y afectiva) o simplemente hacerle entender que todos tenemos manías y hay que respetarlas, sino queremos que la sangre llegue al río. Sin embargo pocas veces uno busca en su interior que le llevo a buscar pareja (o que llevo a buscar pareja a su pareja). O incluso, preguntarse que esperaba que me diera la pareja o en que lo completará.

Y es que aunque seamos nuevos en esto de la convivencia en pareja, nunca vamos de vacío a una relación. Tenemos ideas, deseos, creencias y sobre todo una historia familiar que consideramos normal y que tendemos a repetirla en nuestra vida de pareja. Los casos mas extremos van mas allá y buscan en el otro miembro superar unas carencias de cariño. En psicología denominamos a esto, la necesidad neurótica de afecto, y lo importante del concepto es el termino neurótico (ya todos necesitamos el amor de los demás). Las tendencias neuróticas, que pueden ser de muchos tipos (poder, destructivas, perfeccionistas, etc.) tienen dos características comunes: son compulsivas, es decir existe una necesidad existencial de llevarlas a cabo, y su no realización conlleva una alta carga de angustia, creando una relación de dependencia, abuso y abstinencia como si de una droga física se tratase. Y son de carácter inconsciente, es decir son ajenas a las personas que las padecen, no sienten que están bajo el influjo de una necesidad tan grande de afecto que trastoca y determina las restantes facetas de su vida. Las características de este trastorno relacional fueron descritas magistralmente por Karen Horney (1946):

  • Necesidad de sentirse querido, complacer, y ser aprobado por los demás; viviendo automática de las expectativas.
  • Búsqueda su centro de gravedad en los demás (y no en sí mismo), teniendo solo en cuenta sus deseos y opiniones.
  • Temor a realizar cualquier comportamiento de autoafirmación.
  • Sobreatención a cualquier señal que pueda parecer hostil por parte de los demás (y poner en marcha su huida).

Esta búsqueda de afecto oculta paradójicamente una hostilidad encubierta que hace fracasar todas relaciones en las que se involucra “con todo lo que yo he hecho por..”, “no tengo suerte nadie…”, “solo quiero a alguien a quien amar”. Culpa soterradamente a la pareja (y al entorno) de la zozobra y reiniciándose nuevamente el ciclo búsqueda de alguien sobre quien verter la necesidad imperiosa de dar afecto y gestionar su hostilidad interna. “La mayoría confunde su necesidad del prójimo con una presunta disposición al amor, ya sea por señalada persona o por la humanidad en general” (K. Horney).

Además, dentro de su búsqueda de afecto encuentra otra dificultad, la que a pesar de obtener el cariño buscado, no tiene capacidad de aceptarlo, o solo de manera temporal. Esto es debido a que las muestras de afecto le enfrentan con su desconfianza y hostilidad interna desencadenando resistencia, ansiedad y creencias asociadas a intereses ocultos poco honestos (George Boeree, 2001). 

Este perfil neurótico, demandante de cariño,suele funcionar en relaciones neuróticas, es decir con parejas con unos síntomas “compatibles”, como por ejemplo con personas obsesionadas con la búsqueda de prestigio y poder. Tienen un perfil basado en la dominación sobre los otros (siempre por su propio bien), además de:

  • Tener una gran (exclusiva) devoción a sus proyectos, el deber y la responsabilidad.
  • Una gran individualidad, otorgando una falta de respeto a los demás y despreocupación por las personas a su cargo.
  • Aprobación del uso del poder y la fuerza de manera normalizada y desprecio por la debilidad.
  • Temen a las situaciones que no pueden manejar y la perdida de control.
  • Son beligerantes contra los sentimientos de empatía e impotencia.

Este cruce de necesidades inconscientes provoca relaciones tormentosas, basadas en el sufrimiento y las carencias (y no  en las potencialidades) y que conlleva que sean difícilmente manejables. La omnipotencia de uno cubre las inseguridades del otro, y de manera inversa la hostilidad es aceptada en la pareja como mecanismo de comunicación, dejando de la lado los principios básicos de una buena relación: comunicación afectiva, equilibro en la gestión del poder, y respeto mutuo.

El tratamiento psicoterapéutico de parejas en las que uno o ambos miembros muestran síntomas neuróticos es altamente complejo debido a que la evolución individual o por separado de cada persona conllevaría algo así como quitarse una venda de los ojos y una ruptura inmediata. Por lo que es necesario plantear un proceso escalonado, donde se pongan sobre la mesa primero las disfunciones relacionales, para mas tarde tratar las necesidades afectivas personales.

El verano: Tiempo de pareja

En castellano existe un refrán que dice que el roce hace el cariño. Seguro que muchas parejas ponen en duda su veracidad, sobre todo cuando llega el verano y el roce con la pareja se hace mas intenso.

Y es que estamos siempre pendientes del tiempo, tenemos tareas familiares, laborales, sociales, que no nos dejan tiempo para nosotros mismos. El encuentro con la pareja se hace puntualmente, normalmente en las comidas y por las noches, y la comunicación se limita a temas mundanos: temas de casa, de lo que pasa en nuestro trabajo, las noticias del día… perfecto para tapar esos incomodos silencios cuando estamos a solas.

Entonces llega el periodo estival, los horarios y las tareas se relajan y tenemos mas tiempo para nosotros y para compartir con la pareja. Aquí aparece el choque de trenes. Cada uno idea de lo que quiere hacer en este tiempo y el papel que desea que desempeñe el otro cónyuge. Y al no coincidir aparecen las desavenencias. La comunicación se oxido de no usarla, mas allá de las cosas banales del día a día. Y descubrimos que durante nuestro periplo anual, nuestra pareja cambio, ahora es un ser extraño, que recuerda a aquella persona que nos enamoro pero lleno de defectos y que nos llena de frustración y enfado. Por lo que no es extraño que el verano se dedique a reflexionar si queremos seguir compartiendo nuestra vida con ese ser que apenas nos transmite algo, sino desasosiego y amargamiento.

Es mejor prevenir que curar

Quizás antes de empezar el verano tengamos que plantearnos que queremos nosotros, que quiere nuestra pareja y si su deseo es legitimo, es posible que nosotros deseemos estar todo el día juntos y la otra parte contratante necesite tener un tiempo de soledad para recargar pilas. Y eso no lo convierte en un ser desalmando, de hecho obligar a pasar mas tiempo en pareja convierte una relación amorosa en una condena.

Estar solos en pareja, sin interferencias de ningún tipo puede ser un placer, pero también algo inicialmente angustioso, hemos perdido el musculo y tiene que pasar un tiempo hasta que nos sentamos relajados y centrados para valorar el tiempo de descanso en pareja. De todas formas existen algunos puntos que hay que valorar:

  • Las vacaciones son un tiempo de ocio merecido y necesario para nuestra salud mental, no se puede imponer a nuestra pareja una hoja de ruta. Negociar.
  • Las vacaciones nunca son como uno las imagina previamente, nunca. Culpar de ello a la poca disposición de pareja es algo malicioso. En el reparto de responsabilidades se ecuánime.
  • Las vacaciones dan tiempo para todo, vida en pareja, amigos, incluso un espacio para hacer lo que nuestra pareja desee y viceversa. Organización.
  • Las vacaciones son para disfrutar haciendo lo que desees, pero no esperes que tu pareja adivine lo que te gusta, dale un ayudita. Díselo.
  • Las vacaciones no tienen porque ser idílicas, si accedes a todos los deseos de tu pareja por no tener conflictos, solo retrasaras lo inevitable. No concedas.

Mejor solo que mal acompañado

El verano es el momento de recordar que mas allá de la casa, la familia, y el trabajo, hay una vida en pareja con la que hicimos planes de futuro. Dicho de forma cursi, reavivar la llama del amor. Aunque a veces lo que hace es sacar a la luz diferencias que en la convivencia diaria pasan desapercibidas (o no queremos ver) pero que sin duda impiden que la relación evolucione. Aquí tan solo queda plantearse si quedan fuerzas para un intento mas. Si es así es el momento de reinstaurar la comunicación a un nivel profundo, crear mecanismos de negociación, y fomentar la toma de decisiones. Provocar estos cambios desde dentro es difícil por lo que es recomendable acudir a un psicólogo para que intervenga en la búsqueda de los problemas de fondo y fomentando la creación de normas que faciliten que la relación funcione.

 El que no arriesga no gana

En las crisis de pareja tenemos un conflicto de relación (convivencia) y dos con conflictos internos personales. A veces un alejamiento de los miembros durante el periodo de vacaciones puede aclarar los sentimientos, reorganízanos y ver como es la vida fuera de pareja. La dificultad de llevarlo a cabo, muestra lo intrincado de las relaciones de pareja. Por un lado puede parecer positivo si lo pensamos para nosotros, pero nos cuesta aceptarlo en nuestra pareja. ¿Y si no volvemos?. Mas allá de estos miedos, podemos encontrar con que nuestras vacaciones nos sirvan para volver a retomar la relación en un punto a un nivel mas maduro mas acorde con nuestras inquietudes y necesidades.

El que a buen árbol se arrima.

Al volver a vivir sin pareja, es un fenómeno lleno de emociones contrapuestas, por un lado esta la liberación, estamos en la casilla de salida. Por otro lado esta el miedo a enfrentarnos al futuro, seré capaz de salir adelante. Y no hay que olvidar que la separación suele dejar su huella y las secuelas son palpables, desconfianza en el sexo opuesto, dolor por la culpa (real o imaginaria) de que la relación fallara.

Aquí lo importante es hacer una reflexión profunda sobre como y donde nos encontramos, para después centrarnos en que deseamos hacer con nuestra vida. Buscar un entorno social que nos ofrezca apoyo (amigos y familiares). No forzar las situaciones, las cosas requieren su tiempo y hay que pasar por distintos estados del duelo, al fin y al cabo hemos enterrado una relación. Por ultimo tener en cuenta que las crisis forman parte del proceso, nos sentiremos mal, culpables, perdedores, estigmatizados, arrepentidos, pero como toda crisis solo simbolizan puntos de inflexión que nos marcan como seguir adelante.